En la antesala de una nueva Copa Mundial, se recuerda una de las jugadas más icónicas del torneo: el gol más rápido en la historia de los Mundiales, anotado por Hakan Sukur en apenas 11 segundos durante el partido por el tercer puesto de Corea/Japón 2002.
El delantero turco llegaba tras una sequía goleadora en el torneo, con más de ocho horas sin anotar, lo que generaba dudas sobre su titularidad. Sin embargo, el técnico Şenol Güneş mantuvo su confianza en el capitán de 30 años.
La jugada se produjo de manera inesperada: Corea del Sur dio el saque inicial y, tras una rápida recuperación de Turquía, İlhan Mansız robó el balón y asistió a Sukur, quien definió con precisión ante el portero Lee Woon-jae.
El tanto no solo rompió el récord de rapidez en la historia del Mundial, sino que también impulsó a Turquía a una victoria por 3-2, asegurándole la medalla de bronce en aquel torneo.



